Desahogando el dolor

Odio enfermarme.

Sobretodo cuando no hay un enfermero que me haga nanai.

¡Oh, salud endeble! ¡Maldito sistema inmune! ¡Haz tu trabajo rápido!

Y como a medianoche no caminaré a la farmacia me aguanto el dolor, porque ya aprendí la lección y tomar medicamentos vencidos empeora la situación.

¡EVA 10! ¡EVA 10!

Escuela de verano

Cuando mis profesores hablan de su participación en la escuela de verano o cuando veo a mis compañeros de anatomía queriendo ser ayudantes de esta materia en enero me pregunto: ¿por qué matemáticas?

Cuando supe de la existencia de la Escuela de Verano, nunca pensé en tomar otro curso que no fuera matemáticas, eso que vi toda la lista y me llamaron la atención mucho de ellos, la mayoría era bastante interesante, pero quedé ciega ante el brillo de esa materia que dejaría de lado.

De toda la gente que conocí allí el 90% está estudiando ingeniería (el cual jamás fue mi objetivo). Somos las mujeres las que nos desviamos de aquel camino: Graciela estudia psicología, Soledad estudia educación parvularia y yo medicina.

No evito preguntarme: ¿me habré equivocado? Sobretodo cuando desde chica obligaba a mi prima y hermana a jugar al colegio y yo era la profesora de matemáticas (ellas odiaban ese juego porque sólo tenían rojos en las pruebas).

Extraño esos días en Beaucheff, cuando no entendía nada, cuando de a poco iba tomando el ritmo de otro tipo de estudio. Sin embargo, hoy no desearía estar estudiando otra cosa. ¿El próximo año? Quién sabe.

[Queda pendiente una foto de aquellos días.]
Odié a la psicóloga de la facultad, o a una de ellas. No me creo experta en su trabajo pero me hizo sentir como que no necesitaba estar ahí, que sólo le hacía perder su tiempo, que mi problema no es problema, que mejor lo converse con la almohada o un amigo. Además siento que faltó mucho, si supone que vaya a sentarme a soltar palabras no funcionará, una pregunta de vez en cuando es útil para guiar la conversación. Y esos silencios incómodos sólo me servían para mirar por la ventana y desear estar en el pasto sentada con mis amigas conversando de lo latoso que es ir al psicólogo, aunque eso pasó después de la horrible hora de pérdida de tiempo.

Además le mentí, pero porque hay gente con la que no me llevo, simplemente, por algo no soy amiga de todo el mundo. Ella y su cara de sueño (por no decir de pava) me daba cualquier ánimo para seguir contándole mis tonteras. Odié que se trabara con sus preguntas, parecía nerviosa.

Siempre dije nunca iré al psicólogo, y fallé, en un momento de desesperación y desesperanza. Quizás debí haber ido antes, cuando lo pensé la primera vez hace unos meses mientras almorzaba con un amiga que andaba por las mismas que yo. Ahora ya era tarde. Además puedo lograr lo que me propongo sola, y si no... es por algo.

A Roció no le gustó Carolina. Y a mí, no me gustó Rocío. Simpático. Debí pedir hora con Carolina. ¡Ja!

Despertando

Siempre tengo esta misma pesadilla, en que las cosas que han pasado vuelven a pasar pero de formas sutilmente distintas, aunque simplemente el hecho sea el mismo. El problema es que vuelve a doler. Tontamente quisiera despertar abrazada a alguien que me diga que fue solo una pesadilla, en cambio, despierto y mi yo realista me dice que fue lo que en realidad pasó, que abra los ojos y de una vez por todas despierte.

No debí dormir siesta. Era un buen día.

No quiero ternura

Puede que suene feo. Puede que sea feo. Pero...

Aborrezco su ternura.
El concierto fue triste.

Tan triste que las lágrimas salieron en la oscuridad de la sala.

Repetidamente viernes

Siento que es tarde pero aún no dan las diez. Como le dije a la peluquera hoy, cuando uno se despierta a la seis de la mañana el día es muy largo, sobretodo con harto que hacer.

Hoy me desperté sintiendo que era viernes, incluso me preocupé cuando llegué a la U y noté que no llevaba la guía de evolución. Pero mañana es viernes, otra semana que pasa volando, sólo quedarán cuatro semanas de clases, cuatro semanas de la infernal rutina de memorizar millones de cosas a las que no le hayo sentido. Pero mañana es viernes, mañana me relajaré después de la película de evolución, seguramente iré por un café o algo calentito, porque el pronóstico promete gotitas, acompañada de una cálida conversación sobre sueños y proyectos, un ponernos al día y luego a disfrutar del teatro. Y caminar, caminar y olvidar que debería estar haciendo otra cosa, escribiendo algun informe, memorizando la acción de algún factor de coagulación o graficando la investigación y sacando conclusiones. Por si acaso llevaré paraguas.


Está mañana también creí que era el día que tenía hora con la psicóloga, pero como no andaba con mi notebook no sabía la hora y me preocupé. Yo, la niña de los mil prejuicios, haciendo cosas que jamás en su sano juicio haría, así como escuchar la opinión de otras personas. Mis ideas se arman tan mal como el juego de mi celular en que tengo que armar un edificio alto muy alto, y que cuando corre viento y llueve se desarma y cae. Mis ideas vacías, mi sin saber a dónde voy.

Aunque a veces me contradigo con ideas que no parecen mías.

Y si mañana llueve ya no tendré pena, son cosas que se van superando o nublando con las desiluciones. Y mañana prometo no dejar plantado a nadie, esta vez no inventaré que me enfermé a última hora, ni que tengo una prueba que no existe, además... ya se me agotan las ideas.

Este viernes hay que celebrar que se acabaron los viernes de pinchar ratitas para la investigación. Pero sin alcohol, pues se viene el fin de semana deportivo. Busco barra para el domingo a las 9.30 am para no morir en el intento.

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